Tragedia en el Alto occidente de Caldas: dos mineros fallecieron al interior de una mina 

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A las 10:00 de la mañana de este marte 5 de mayo, la tragedia tocó la puerta de la vereda Echandía, jurisdicción del municipio de Marmato. Un accidente minero encendía las alarmas… pero nadie estaba preparado para el dolor que vendría después.

Siete unidades del Cuerpo de Bomberos, bajo el mando del teniente José Gallego, llegaron al lugar sobre las 10:35 a.m. Lo que encontraron fue una escena angustiante: rocas sueltas habían cedido, desplomándose sobre un zarzo y atrapando a dos mineros en lo más profundo de la tierra.

Uno de ellos murió en el acto. La montaña lo apagó de golpe. Se llamaba Jhon Fredy Campuzano.

El otro quedó atrapado, luchando entre la vida y la muerte. Sus compañeros, en medio del miedo, no dudaron: se metieron a la mina para intentar salvarlo. A ellos se sumaron más mineros de la zona, bomberos y personal médico que, desafiando el riesgo, descendieron hasta donde la vida pendía de un hilo.

Allá abajo, en condiciones extremas, intentaron lo imposible. El minero presentaba múltiples traumas y un severo síndrome de aplastamiento. Fue necesario asistirlo con ventilación manual. Cada segundo era una batalla. Cada esfuerzo, una esperanza.

Pero no bastó. Pese a la entrega, al coraje y al trabajo conjunto, la muerte terminó imponiéndose. El segundo minero también falleció en el lugar. Fue identificado como Jhon Faber Martínez Acevedo.

Horas después, en medio de un ambiente cargado de tristeza y silencio, los cuerpos fueron rescatados y llevados al centro de salud, donde el CTI realizó los actos urgentes.

La jornada terminó a las 3:49 de la tarde, pero el dolor apenas comienza.

Hoy, Echandía llora. Dos familias quedaron destrozadas. Dos historias quedaron enterradas bajo la tierra que les daba sustento. La comunidad minera, golpeada, vuelve a enfrentar una de sus realidades más duras: el riesgo constante de trabajar en las entrañas de la montaña.

Desde el Cuerpo de Bomberos extendieron un mensaje de condolencia, destacando también el valor del personal médico, de enfermería y de los propios mineros que, sin pensarlo dos veces, arriesgaron su vida por salvar la de sus compañeros. Un reconocimiento especial también para quienes apoyaron la logística en medio de la emergencia.

Hoy no hay palabras suficientes. Solo queda el luto, el asombro… y el eco de una tragedia que vuelve a recordarnos lo frágil que es la vida bajo tierra.