¡Asesinado “El Paisa”! La muerte lo alcanzó en una gallera del oriente de Caldas

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El reloj pasaba las 2 de la madrugada cuando la oscuridad de la vereda La Quiebra, en el corregimiento de Bolivia (Pensilvania, Caldas), fue interrumpida por tres disparos secos, certeros, que pusieron fin a la vida de uno de los nombres más temidos en el bajo mundo: Rosebel García Álvarez, alias “El Paisa”.

Lo mataron sin compasión. Tres tiros de pistola 9 milímetros lo dejaron tendido entre los gallos, la sangre y el silencio que nadie se atrevió a romper. El lugar del crimen: una gallera donde se escucharon más que apuestas.

Alias “El Paisa”, de 41 años, no era un desconocido. Su prontuario hablaba por él: cuatro condenas encima —tres por homicidio y una por concierto para delinquir y narcotráfico. Era señalado como uno de los integrantes más temidos de las desmovilizadas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), específicamente del “Bloque Centauros”.

Uno de los crímenes más brutales en los que participó ocurrió en noviembre de 2005, cuando, junto a otros miembros de la banda, participó en el asesinato de Josué Acevedo Guayara, en el barrio La Playita de Manizales. El cuerpo fue descuartizado y enterrado en una fosa común en las laderas del Morro Sancancio, hallada meses después, en junio de 2006, gracias a investigaciones de la Fiscalía.

El asesino no escapó: cayó en flagrancia

El presunto responsable de esta ejecución fue capturado con el arma en la mano. Lo conocen como “Reyes”, y no alcanzó a huir del lugar del crimen. La Policía lo atrapó con la pistola todavía caliente. Se investiga si actuó solo o si obedecía órdenes superiores.

Una vida marcada por la violencia

En el expediente judicial figuran nombres que infunden respeto y miedo:

‘More’, jefe de la banda.

‘Jhony’, ‘Manotas’, ‘Chaqui’, ‘Víctor’…
Y claro, “El Paisa”, hoy muerto en circunstancias que parecen ajuste de cuentas. Todos ellos fueron condenados por formar parte de una organización delincuencial conformada tras la desmovilización del Bloque Centauros, que buscaba controlar el negocio del microtráfico en Caldas.

Silencio en la vereda, justicia en veremos
Hoy, en la vereda La Quiebra, el eco de los disparos todavía retumba entre los cafetales. Nadie quiere hablar. Nadie vio nada. Nadie sabe por qué justo esta noche lo mataron… pero todos sabían que ese final algún día llegaría. Porque como dicen en la calle:
“El que a hierro mata, a hierro muere”.

Ahora será la justicia quien deberá esclarecer si este crimen fue venganza, traición o un ajuste de cuentas.

Pero de algo sí están seguros en Pensilvania, en Manzanares y específicamente en el corregimiento de Bolivia: el temido “Paisa” ya no volverá.

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